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Si un día en Alghero un viajador...
Historia verdadera de un turista imaginario

Es el amanecer. Esta mañana me he levantado temprano y ahora estoy aquí,
con los pies que hunden en la arena suave y mojada, delante de mí el mar, liso y tranquilo, lejos en el horizonte el imponente promontorio de Capo Caccia, uno de los símbolos de Alghero.
He dejado a mi mujer y a mis hijos en la cama, envueltos en el sueño sereno de las vacaciones, y mientras Alghero todavía dormita, he caminado desde el hotel por sus calles, he cruzado los callejones del centro, impregnados de piedras e historia, he cruzado la mirada de los pescadores y de las primeras barcas que lentas se alejaban del puerto, he recorrido el paseo marítimo con su amplia avenida, Rambla de la Barceloneta sarda, hasta llegar aquí en el Lido, la playa grande y larga que bordea la ciudad.
Quería tener un momento solo para mí para recoger y encerrar bien dentro de mí, imágenes y sensaciones preciosas de aquellas vacaciones.
Tener tiempo para hacerlo tranquilamente, en el silencio de las primeras luces de la mañana, interrumpido solo por el graznido de algunas gaviotas volando por la superficie del agua, mientras respiraba con intensidad el aire saturado de mar y algas.
Sugestiones de Alghero
La inolvidable puesta del sol ante la isla Foradada y el tierno abrazo con Sara, mi romántica pareja, suspendidos mirando el sol de fuego mientras se hunde en el azul intenso del mar, las salas resplandecientes de las Grutas de Neptuno, el fascino eterno de la aldea nuragica de Palmavera, llena de historia y misterio.
Y luego los saltos en agua en Capo Galera y Cala dell'Olandese, el snorkeling en Cala Dragunara y Punta Giglio, hermosas caletas exploradas durante excursiones, a bordo de un velero.
Y las muchas playas a lo largo de la costa, una más bonita y sugestiva que la otra, las risas en agua con mis hijos, su entusiasmo en los pedalós, pero también el perfume intenso de la vegetación mediterránea, mixto de jara y romero, mirto y madroño.

El vuelo de un alimoche y de los cormoranes, las carreras de caballos y jabalíes, la lenta andadura de un gamo: tesoros vivientes del oasis faunístico de la Arca di Noè.
La vida activa de la ciudad y de su puerto, las calles animadas por las tiendas y las compras, repletas de turistas, donde resuenan y se funden junto al italiano y el inglés, el catalán con el sueco, el alemán y el español: Europa está más cercana e integrada aquí en Alghero.
Paradas de buen gusto

Y precisamente con Lucas y Christine, una simpática pareja de chicos ingleses, vamos a cenar esta noche.
Los conocimos en el hotel, mientras tomábamos una bebida sentados en el patio del hotel y, entre un sorbo y otro de un fresco Vermentino, ha sido fácil hacer amistad.
Esta noche nos contarán los detalles de su vida nocturna: estamos curiosos de conocer, gracias a sus palabras, detalles de la famosa movida de Alghero.
Ya nos han adelantado que, antes de terminar su loca noche en Alghero en la Siesta,
una discoteca bien frecuentada de la zona, irían al bar Baraonda, uno de los numerosos locales abiertos hasta muy tarde en el paseo marítimo y en los callejones del centro, famoso por sus exquisitos cócteles de fruta y por una amplia selección de copas de vino.
El sol ya ha salido, es hora de volver... algunos momentos más allí solo, entre arena, mar y cielo, antes de reanudar el camino hacia el hotel Angedras y reunirme con mi familia. Pero el aire de mar y la caminata han despertado en mí una ciertas languidez: voy a concederme un fuera de programa en Ciro, el óptimo y elogiado bar pastelería, para probar una de sus pastas frescas.
Hoy pasaremos allí la jornada en la encantadora playa del Lazzaretto, ya estuvimos allí hace algún día, pero no podemos irnos sin tomar otro baño allí.

Pero antes vamos a pararnos en Milese,
frente al puerto: nosotros también estamos impacientes de degustar sus míticas "focacce", que todos nos han recomendado. ¡Serán un óptimo tentempié para nuestro almuerzo en el mar!
Y por la tarde, con tiempo, otra vez hacia Alghero.
Un intenso programa nos espera para la noche.
De hecho, he prometido llevar a los niños a dar una vuelta en el tren catalán.
Ellos están entusiasmados con la idea de ver a la gente por las calles desde arriba de una carroza, para mí y Sara será una óptima ocasión para descubrir los secretos encerrados en las calles, las iglesias y los palacios del centro histórico, escuchando las explicaciones del guía.
La cita con nuestros nuevos amigos ingleses es a las ocho en el Café Latino.
Allí tomaremos un aperitivo disfrutando de la puesta del sol con la fantástica vista de las embarcaciones en el puerto y luego, cuando las luces de las farolas encendidas empezarán a iluminar las primeras sombras del crepúsculo, un bonito paseo por los Bastiones nos llevará al restaurante Angedras, donde hemos reservado una mesa en el exterior, en la terraza con vistas al mar.
Marco digno para sellar una nueva amistad, hacer un brindis con una buena botella y saludar asía Lucas y Christine, que partirán mañana.
Pero para después de la cena tengo guardada una sorpresa para mi esposa. Junto a los niños hemos estudiado un plan perfecto: con su ayuda, convenceré a Sara a seguirme en los antiguos callejones repletos de vitrinas de los laboratorios de los orfebres, adornadas con el rojo coral procedente de los fondos de la Costa.
Con un banal pretexto la llevaré dentro de alguna de estas tiendas y la invitaré a elegir entre las muchas joyas engastadas con este coral precioso, un anillo o unos pendientes, o quizás un colgante. Será mi regalo para recordarle que la quiero y sellar de un modo tan precioso unas vacaciones de ensueño, de las que todavía nos quedan cuatro días por disfrutar y vivir con toda la intensidad que solo Alghero sabe ofrecer.
Andrea
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